El Club

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Pocas cosas me dan más miedo que aquellas personas que confiesan alguna brutalidad con el firme convencimiento de que están haciendo lo que tienen que hacer, de que Dios (o quien sea) les puso ahí precisamente para eso. Hay razones para justificar cualquier hecho, cualquier crimen, dicen. Cada quién busca su propia moral, dentro del abanico de opciones que nubla los conceptos del bien y el mal, para relajar su conciencia y poder vivir consigo mismo. Y la religión ha sido sin duda la justificación perfecta a lo largo y ancho de la historia de la humanidad. La iglesia católica, la misma que varias veces ha sido objeto de varios escándalos por dar protección a varios curas que habían realizado prácticas indecentes, siempre por la salvación y la buena imagen de un bien mayor, claro, de la idea de la iglesia en sí. ¿Cuántas atrocidades se cometen en nombre de la religión?

Pablo Larraín pone la respuesta en sus pantallas de la manera más desagradable y perturbadora posible, destilando inteligencia, sarcasmo y claustrofobia. Si tuviera que escoger una palabra para definir el film sería angustia. Desde el primer plano, con esos acabados borrosos, humedad en el ambiente, niebla perenne, frío y humedad; incomodando inmediatamente al espectador. Sensación que contrasta con la claridad en que se resuelven los hechos, y el estilo de los diálogos: siempre muy directos. Todo a un ritmo muy pausado, sin hacerse pesado en ningún momento, que te va llevando por los acontecimientos que tienen lugar entorno a cuatro curas y una monja que están recluidos en una casa perdida en un pueblo de Chile, donde hacen secreta penitencia por los delitos cometidos. Todos ellos buscan su propia justificación, pero aquí Larraín no se mete en juicios morales, no nos da un discurso de ningún tipo, simplemente expone. Y lo que nos enseña es un infierno con vistas al mar.

El club se ha convertido posiblemente en la película más terrorífica que haya visto, sin gritos ni fantasmas, con inesperados toques de humor y sarcasmo que la hacen aún más inquietante. El terror aquí está presente de la forma más brutal, más terrible: con las personas y sus miserias. Gente de carne y hueso, que se ha dejado arrastrar por una moral cuanto menos inquietante, y ahí cada cuál que emita su juicio. Yo lanzo una pregunta: ¿Hay más de una moral válida en el mundo?

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